sábado, 10 de mayo de 2025
23f
#23f
Mi abuela Encarna fue agente doble durante más de tres décadas.
Con la cobertura que le ofrecía pertenecer al Gremio Sindical de la Vivienda y bajo el seudónimo de “Pozoamargo”, su localidad natal, estuvo colaborando con la resistencia en el exilio durante los años más duros de la represión.
Longinos, mi abuelo y albañil de profesión, se encargaba de proporcionarle cobertura logística cuando era necesario. En los años 60 llegó incluso a construir un túnel subterráneo de más de 3 kilómetros para sacar a afiliados del partido de la ciudad. Pero cuando comenzaron las obras del edificio Iturbi en 1976 aquel túnel quedó inutilizado.
Desde su portería de la calle Matías Perelló número 50, mi abuela hacía llegar la información a sus contactos en Francia. La portería era el lugar perfecto para desarrollar su actividad.
En algunas ocasiones el enlace era su hermano Eladio, que con su condición de comerciante visitaba el país vecino con relativa frecuencia a bordo de su Citroën DS, el tiburón.
Aunque el flujo de información se realizaba habitualmente mediante postales escritas en clave.
En uno de aquellos viajes, mis padres acompañaron al tío Eladio. Entonces se reunieron en Toulouse con unos camaradas. Fue en el restaurante español “Casa Inés, la cocinera de Bossost”, al cual hizo referencia Almudena Grandes en una de las novelas que componen los “Episodios de una guerra interminable”.
Desde entonces, mis padres pasaron a formar parte de aquella célula y decenas de postales iban y venían con dirección a Matías Perelló.
Guardo muchas de ellas, y con la ayuda de un camarero ya jubilado del restaurante Casa Balaguer hemos podido descifrar algunas. Gracias a él sabemos que cada vez que mi padre le escribía a mi madre la palabra “pichón” en una postal, el caudillo -al que apodaban pichoncito por su voz aflautada-, venía a la ciudad y había que andarse con ojo.
Años antes, ese mismo camarero por aquel entonces aún en activo, le confesó a “Pozoamargo” en su última misión que en Casa Balaguer unos militares gestaban el golpe de estado del 81. Pero eso es otra historia… #HistoriasDeTorrefiel #AgenteDoble #Pozoamargo #23Febrero
miércoles, 26 de julio de 2023
"No te atreverás..."
Siempre fue un incauto, un inconsciente. El que más.
Nunca pensó en las consecuencias de sus actos. O sí, y las disfrutaba tanto como sus propios actos. Siempre te ganaba. Dos veces, o incluso tres.
Ya nada será igual. Aun así, haber podido compartir tantos momentos con él, creo que me hizo mejor. Nos hizo mejores a todos. Con eso nos quedaremos. Con eso, y con todo el amor que le pudimos dar.
Vuela alto, chatarrilla. No nos atreveremos a olvidarte.
sábado, 15 de septiembre de 2018
Siglo XX y Cinema Paradiso
Hace poco volví a ver, por enésima vez, "Cinema Paradiso", sin duda alguna mi película favorita.
Es una peli que cuenta la historia de Totó que, tras muchos años, regresa a su pueblo para asistir al entierro de su amigo de infancia Alfredo.
Es una peli que cuenta la historia de Totó que, tras muchos años, regresa a su pueblo para asistir al entierro de su amigo de infancia Alfredo.
Afortunadamente no fui a ningún entierro pero, hace poco también, volví a Segorbe en fiestas.
Volví a recorrer sus calles, plazas y bares y a disfrutar de las verbenas en las peñas de La Pellorfa y El Desacato, al igual que las disfruté hace décadas y durante mucho tiempo.
Aunque con un punto de vista diferente que cuando era más joven, volví a ver toros embolados en la plaza a rebosar de gente y la famosa entrada de toros (más a rebosar aún).
Volví a ver caras y sitios del Siglo XX que conocí (ésto no es mio, es de Sidonie). Caras, y algunos sitios, algo cambiadas pero con ese sentimiento de pertenencia al lugar. No sé cómo explicarlo, gente que siempre ha sido de ahí.
La cuestión, (y de la que no me quiero olvidar y por eso la escribo. Por eso, y por darle algo de vida al blog...) es que me encontré con Mª José y Menchu, amigas de infancia y juventud y a las que hacía mil años que no veía. Y volví a reírme con ellas y a beber en el bar de los republicanos en la plaza, como si el tiempo no hubiera pasado. Y nos abrazamos y nos volvimos a reír, como hace años.
Y hablamos de cuando éramos pequeños, del dinero que nos devolvía Lide al devolver el casco de la cerveza, de las noches en la Glorieta, de las balsas, del Pozo de los Gitanos, de Belén, de Rubén, de José Ramón y Gloria, "la catalana", de José Mª, que se fue a Motilla del Palancar y nunca más supimos de él, de mi hermana Silvia y de tantas y tantas cosas que pasamos juntos. Y durante ese rato fui feliz, muy feliz, y sentí que estaba en el lugar adecuado con la gente adecuada.
Es curioso el paso del tiempo. Pasamos muchos años de infancia y juventud juntos y ese vínculo seguía ahí, como si nada.
Nos despedimos, contentos con el encuentro, y prometiendo que no pueden volver a pasar tantos años otra vez. -Ahora Menchu tiene mi teléfono y yo el suyo y cenaremos todos antes de que acabe el año (a que sí, Menchu?)-
Al día siguiente me desperté contento (y con resaca) y al igual que Totó, recordé las caras cambiadas mientras recorría su pueblo. Y lo hice con alegría, sin nostalgia (creo).
Aún me emociona, y por eso quería escribirlo...
Volví a recorrer sus calles, plazas y bares y a disfrutar de las verbenas en las peñas de La Pellorfa y El Desacato, al igual que las disfruté hace décadas y durante mucho tiempo.
Aunque con un punto de vista diferente que cuando era más joven, volví a ver toros embolados en la plaza a rebosar de gente y la famosa entrada de toros (más a rebosar aún).
Volví a ver caras y sitios del Siglo XX que conocí (ésto no es mio, es de Sidonie). Caras, y algunos sitios, algo cambiadas pero con ese sentimiento de pertenencia al lugar. No sé cómo explicarlo, gente que siempre ha sido de ahí.
La cuestión, (y de la que no me quiero olvidar y por eso la escribo. Por eso, y por darle algo de vida al blog...) es que me encontré con Mª José y Menchu, amigas de infancia y juventud y a las que hacía mil años que no veía. Y volví a reírme con ellas y a beber en el bar de los republicanos en la plaza, como si el tiempo no hubiera pasado. Y nos abrazamos y nos volvimos a reír, como hace años.
Y hablamos de cuando éramos pequeños, del dinero que nos devolvía Lide al devolver el casco de la cerveza, de las noches en la Glorieta, de las balsas, del Pozo de los Gitanos, de Belén, de Rubén, de José Ramón y Gloria, "la catalana", de José Mª, que se fue a Motilla del Palancar y nunca más supimos de él, de mi hermana Silvia y de tantas y tantas cosas que pasamos juntos. Y durante ese rato fui feliz, muy feliz, y sentí que estaba en el lugar adecuado con la gente adecuada.
Es curioso el paso del tiempo. Pasamos muchos años de infancia y juventud juntos y ese vínculo seguía ahí, como si nada.
Nos despedimos, contentos con el encuentro, y prometiendo que no pueden volver a pasar tantos años otra vez. -Ahora Menchu tiene mi teléfono y yo el suyo y cenaremos todos antes de que acabe el año (a que sí, Menchu?)-
Al día siguiente me desperté contento (y con resaca) y al igual que Totó, recordé las caras cambiadas mientras recorría su pueblo. Y lo hice con alegría, sin nostalgia (creo).
Aún me emociona, y por eso quería escribirlo...
A las gentes y sitios del Siglo XX que conocí.
miércoles, 26 de junio de 2013
Gallines amb sabates
Hace unas semanas estuve en Cosa con mis hijos. Allí disfrutan, son inmensamente felices. La gente que solemos ir al pueblo ya sabe de lo que hablo.
El caso es que una de las noches, cuando estaba en la cama con mi hijo Joan, después de leer un cuento y charrar sobre varios temas y cuando pensaba que dormía ya hace rato, comentó sobresaltado:
- Eeeeh, que les gallines no tenen sabates !!!
-No Joan, no -contesté- ni els conills tampoc...
- El conills tampoc...-dijo-
- Ni les ovelles.
- Les ovelles tampoc... - susurró Joan-
Y así, su respiración se fue volviendo pausada y se durmió profundamente.
Seguramente, su mente estaba dando otra vuelta por el corral de la Matilde...
El caso es que una de las noches, cuando estaba en la cama con mi hijo Joan, después de leer un cuento y charrar sobre varios temas y cuando pensaba que dormía ya hace rato, comentó sobresaltado:
- Eeeeh, que les gallines no tenen sabates !!!
-No Joan, no -contesté- ni els conills tampoc...
- El conills tampoc...-dijo-
- Ni les ovelles.
- Les ovelles tampoc... - susurró Joan-
Y así, su respiración se fue volviendo pausada y se durmió profundamente.
Seguramente, su mente estaba dando otra vuelta por el corral de la Matilde...
viernes, 31 de agosto de 2012
Trasmoz
Hay días chulos, días en los que vuelves a casa con una sensación agradable, con la
sensación de haber vivido algo
inesperado y diferente. No quiero exagerar tampoco, pero pasar la mañana en
Trasmoz, un pequeño pueblo de Zaragoza, fue sin duda una experiencia que
recordaremos durante tiempo.
Insisto en que no se trata de un acontecimiento
extraordinario, más bien todo lo contrario, fue un encuentro con lo cotidiano,
con gentes que viven y trabajan con pasión, disfrutando de la vida y
trasmitiendo esa sensación.
Así fue el encuentro con Curro, del cual leímos algo los días anteriores de subir a dormir en el Moncayo.
Mi amigo Ramón, que tiene un ojo clínico para estas cosas, dio con ellos y también con las Bodegas Pagos del Moncayo para completar la salida montañera (en casa reposan unas botellas de Garnacha y Syrah esperando la ocasión).
Mi amigo Ramón, que tiene un ojo clínico para estas cosas, dio con ellos y también con las Bodegas Pagos del Moncayo para completar la salida montañera (en casa reposan unas botellas de Garnacha y Syrah esperando la ocasión).
El caso es que llegamos a Trasmoz, preguntamos por las mermeladas y nos indicaron la casa "si que deben de estar porque su coche está ahí...".
Y así fue como Curro nos abrió las puertas de su casa, con una sonrisa que no abandonó durante toda nuestra visita. Allí nos enseñó el obrador donde crea sus mermeladas y nos cantó su pegadiza canción que, al menos a mí, aún me persigue "no sé si me saldrá bien porque mi mujer no está, pero se os ve buena gente y os la voy a cantar...".
Nos habló de su pueblo, de las cosas curiosas que allí pasan, brujas, secuestros famosos, la santa inquisición, Bécquer, el grupo musical Puturrú de Fuá y, como no, de sus Mermeladas de autor Bubub.
Nos habló de su pueblo, de las cosas curiosas que allí pasan, brujas, secuestros famosos, la santa inquisición, Bécquer, el grupo musical Puturrú de Fuá y, como no, de sus Mermeladas de autor Bubub.
Hoy, varias semanas después, cuando pienso en Trasmoz, tengo la misma sensación chula que tuvimos allí y también la certeza de que siempre encontraremos gentes en Aragón ocupadas y preocupadas por crear en los pequeños pueblos como Trasmoz un lugar donde vivir.
Pd.- Curro tenía en su mínima oficina/almacén un panel de corcho en el que podías ver reseñas de prensa, papeles de trabajo y una pequeña carátula de la película "La ciudad no es para mí"...
Si pasáis por Trasmoz, no dejéis de visitarlos... y me compráis una de tomate picante o de mandarina y calabaza !!
miércoles, 13 de julio de 2011
Cosas de "papis". Cosas de hijos II
Hace unos años, y supongo que en esto algo tendra que ver el tener hijos, no me había planteado, así en serio, la cuestión de la vida, el milagro de vivir.
Vas viviendo y vas coleccionando momentos, emociones, vivencias, amistades y esas cosas.
No pretendo, ni mucho menos, filosofear con esto (más que nada porque no tengo ni idea de cómo se filosofea).
La cuestión es que desde que dos gametos, el masculino y el femenino, tienen la suerte de unirse y crear una célula con una capacidad increíble para reproducirse, comienza la historia. En tan sólo 40 semanas millones de células darán origen a un ser humano (tampoco me voy a recrear mucho más en esto). Y en unos pocos meses ese ser humano, ese niño, será capaz de buscarte con la mirada únicamente para sonreirte.
Es lo que hace desde hace un tiempo nuestro hijo Joan. Te mira y sonríe. Busca tu mirada sólo para sonreirte. Esta acción, de aparente simpleza, le da sentido a muchas cosas.
Mientras Joan gatea, juega, parlotea, se pone de pie o se sube por las escaleras, siempre hay un momento en el que busca que tus ojos se encuentren con los suyos para sonreirte.
Hace unos días ha cumplido un año y sus ojos siguen buscando tu mirada para dedicarte una sonrisa, y con esa sencilla acción es capaz de tantas y tantas cosas día tras día... Me tiene maravillado.
Así de fácil o de difícil, no sé.
¿Os imagináis que la gente por la calle buscase miradas tan sólo para devolverles una sonrisa? Estaría bien, no?
En fin, que gracias por sonreir Joan, espero que no dejes de hacerlo nunca.
Vas viviendo y vas coleccionando momentos, emociones, vivencias, amistades y esas cosas.
No pretendo, ni mucho menos, filosofear con esto (más que nada porque no tengo ni idea de cómo se filosofea).
La cuestión es que desde que dos gametos, el masculino y el femenino, tienen la suerte de unirse y crear una célula con una capacidad increíble para reproducirse, comienza la historia. En tan sólo 40 semanas millones de células darán origen a un ser humano (tampoco me voy a recrear mucho más en esto). Y en unos pocos meses ese ser humano, ese niño, será capaz de buscarte con la mirada únicamente para sonreirte.
Es lo que hace desde hace un tiempo nuestro hijo Joan. Te mira y sonríe. Busca tu mirada sólo para sonreirte. Esta acción, de aparente simpleza, le da sentido a muchas cosas.
Mientras Joan gatea, juega, parlotea, se pone de pie o se sube por las escaleras, siempre hay un momento en el que busca que tus ojos se encuentren con los suyos para sonreirte.
Hace unos días ha cumplido un año y sus ojos siguen buscando tu mirada para dedicarte una sonrisa, y con esa sencilla acción es capaz de tantas y tantas cosas día tras día... Me tiene maravillado.
Así de fácil o de difícil, no sé.
¿Os imagináis que la gente por la calle buscase miradas tan sólo para devolverles una sonrisa? Estaría bien, no?
En fin, que gracias por sonreir Joan, espero que no dejes de hacerlo nunca.
lunes, 21 de marzo de 2011
Cosas de "papis". Cosas de hijos (I)
Hace poco tiempo dos de mis fieles "seguidoras" (he de decir que no tengo muchas/os más) me comentaron qué pasaba con mi blog que ya no escribía.La verdad es que esto de tener un blog es algo parecido a parir un criatura, creas algo que permanece en el tiempo y debes cuidar y alimentar a base de entradas. Yo ya dije, al inicio de esta andadura bloggera, que no era muy constante y que soy algo anárquico, cualidades estas que espero no desarrollar durante mi vida como padre de unos hijos de carne y hueso nada virtuales.
Digo esto porque a mis seguidoras les dije que tenía pensado escribir algo precisamente relacionado con mi reciente segunda paternidad, y también sobre la primera, ya que no recuerdo ninguna entrada relacionada con mis hijos.
He de decir también que el blog nació mediante un nacimiento programado a través de la asignatura "Informática Aplicada" de la carrera de magisterio que estoy cursando y sus contenidos estaban, más o menos, establecidos. Pero eso ya pasó y ahora el blog es sólo mio y escribo en él lo que quiero.
Así que allá voy. Mi intención es la de escribir situaciones y vivencias personales relacionadas con mis hijos. De momento tengo una y espero que mi falta de constancia no se haga patente y pueda contar algunas más.
-Las estrellas-
Hace unos días, como otras tantas tardes, estaba trasteando con Andreu en la cocina. A él le gusta subirse a una silla, ponerse a la altura del banco y ayudarme a hacer cosas. Un día hacemos pan y se amasa uno pequeñito, otro día corta los restos y pieles de las verduras que estoy preparando, añade sal o aceite a las cosas, exprime naranjas o echa los ingredientes en la thermomix, etc. Lo pasa en grande (aunque he de deciros que el ruido de la thermomix no le gusta nada).
No recuerdo muy bien cómo comenzó la conversación pero me preguntó, como ya había hecho en otras ocasiones por su iaio Pepe. El caso es que en esta ocasión, no sé muy bien porqué, estaba especialmente interesado por saber dónde estaba. Andreu, por desgracia, no conoció a su iaio Pepe ya que murió unos años antes de que él naciera. Le dije, como lo había hecho antes, que su iaio Pepe estaba en una estrella, que se puso malito y murió y desde entonces estaba en una estrella. La primera vez me preguntó si tenía alas. Algo totalmente lógico en la maravillosa mente de un niño. Pensó, si está en una estrella, ha subido volando y si ha volado, evidentemente, tiene alas.
Como pude le expliqué que no hacían falta alas para subir a las estrellas cuando uno muere. En esa ocasión la cosa quedó ahí.
El otro día en la cocina, cuando volvió a interesarse por el asunto de la muerte, me pilló totalmente en fuera de juego. No supe qué decir y todavía se me iluminan los ojos al recordarlo. Volvió a insistir sobre el tema de estar en las estrellas. ¿y porqué se van allí?, ¿cómo suben? si los puedes ver, etc. Ya le había dicho en otras ocasiones que si mirabas las estrellas y cerrabas los ojos podías ver a la gente que quieres y que está allí. He de reconocer que no sé muy bien si mis explicaciones fueron acertadas o no o fueron un clásico entre las explicaciones a los hijos sobre la muerte, no lo sé. Creo que esto no te lo enseñan en ningún lado y actuas de la forma que crees más correcta.
El caso es que la última pregunta que Andreu hizo fue - y tu papi ¿te vas a ir a una estrella? A ver cómo os explico esto sin quede demasiado literario. Me dejó totalmente helado. Hoy, aún veo la cara de pena que puso cuando le dije que sí, que yo también iría a una estrella...- Pero papi, yo no quiero que tú te vayas a una estrella. Y, de verdad, casi se puso a llorar. Y yo también.
No supe qué hacer ni qué decir. Después lloré (un poco sólo, eh?), sin que me viera, pensando en la cantidad de amor incondicional que tus hijos pueden darte.
Como he comentado, la mente de un niño es maravillosa y también de una lógica aplastante. Nadie desea que se vaya a una estrella alguien que quieres.
Recordando esto, me vinieron a la memoria algunos pasajes de El Principito, de la relación de los niños con los adultos, de la incompresión de éstos y del viaje que emprende. Y pensé que sería bonito, al igual que hizo El Principito de planeta en planeta, poder viajar de estrella en estrella y visitar a la gente que ya no está con nosotros.
-Las estrellas-
Hace unos días, como otras tantas tardes, estaba trasteando con Andreu en la cocina. A él le gusta subirse a una silla, ponerse a la altura del banco y ayudarme a hacer cosas. Un día hacemos pan y se amasa uno pequeñito, otro día corta los restos y pieles de las verduras que estoy preparando, añade sal o aceite a las cosas, exprime naranjas o echa los ingredientes en la thermomix, etc. Lo pasa en grande (aunque he de deciros que el ruido de la thermomix no le gusta nada).
No recuerdo muy bien cómo comenzó la conversación pero me preguntó, como ya había hecho en otras ocasiones por su iaio Pepe. El caso es que en esta ocasión, no sé muy bien porqué, estaba especialmente interesado por saber dónde estaba. Andreu, por desgracia, no conoció a su iaio Pepe ya que murió unos años antes de que él naciera. Le dije, como lo había hecho antes, que su iaio Pepe estaba en una estrella, que se puso malito y murió y desde entonces estaba en una estrella. La primera vez me preguntó si tenía alas. Algo totalmente lógico en la maravillosa mente de un niño. Pensó, si está en una estrella, ha subido volando y si ha volado, evidentemente, tiene alas.
Como pude le expliqué que no hacían falta alas para subir a las estrellas cuando uno muere. En esa ocasión la cosa quedó ahí.
El otro día en la cocina, cuando volvió a interesarse por el asunto de la muerte, me pilló totalmente en fuera de juego. No supe qué decir y todavía se me iluminan los ojos al recordarlo. Volvió a insistir sobre el tema de estar en las estrellas. ¿y porqué se van allí?, ¿cómo suben? si los puedes ver, etc. Ya le había dicho en otras ocasiones que si mirabas las estrellas y cerrabas los ojos podías ver a la gente que quieres y que está allí. He de reconocer que no sé muy bien si mis explicaciones fueron acertadas o no o fueron un clásico entre las explicaciones a los hijos sobre la muerte, no lo sé. Creo que esto no te lo enseñan en ningún lado y actuas de la forma que crees más correcta.
El caso es que la última pregunta que Andreu hizo fue - y tu papi ¿te vas a ir a una estrella? A ver cómo os explico esto sin quede demasiado literario. Me dejó totalmente helado. Hoy, aún veo la cara de pena que puso cuando le dije que sí, que yo también iría a una estrella...- Pero papi, yo no quiero que tú te vayas a una estrella. Y, de verdad, casi se puso a llorar. Y yo también.
No supe qué hacer ni qué decir. Después lloré (un poco sólo, eh?), sin que me viera, pensando en la cantidad de amor incondicional que tus hijos pueden darte.
Como he comentado, la mente de un niño es maravillosa y también de una lógica aplastante. Nadie desea que se vaya a una estrella alguien que quieres.
Recordando esto, me vinieron a la memoria algunos pasajes de El Principito, de la relación de los niños con los adultos, de la incompresión de éstos y del viaje que emprende. Y pensé que sería bonito, al igual que hizo El Principito de planeta en planeta, poder viajar de estrella en estrella y visitar a la gente que ya no está con nosotros.
A Pepe y su estrella
A Mª José y Ana
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